Al contrario de lo que pensaba al comienzo de este blog, cuando recién me propusieron (una propuesta con un leve tilde de amenaza) crearlo, ahora veo que me ha servido como terapia, al menos para poner en orden ciertos pensamientos. ¿Qué aprendí hoy? No hablar cuando estoy enojada. Claro, sería más sincero decir lo que siento en el momento, expresarme, aunque matara a un par de personas al "expresarme"... sería lo sincero, no necesariamente bueno (tal vez para mí, en el momento, sí). Me dicen que debería dejar que "se me enfriara la cabeza" antes de decir idioteces... Pero si dejo que eso pase, después no diré lo que realmente sentía, y aquel sentimiento de rabia y/o pena y/o frustración y/o ira ya no será el mismo, y se quedará pro siempre en mi espeíritu, manchándolo. Pero, ¿qué ganaré? Yo, nada, más que la tranquilidad de las otras personas al ver que, frente a una situación de enojo, me quedo callada, tragándome mi verdadero pensar y sentir. Y así, el otro interlocutor, con quien discuto, no se sentirá herido por mi forma muy particular de tratarlo mal. Y, aunque él haya comenzado, hiriéndome a mí en primer lugar, sea por el motivo que fuere, es de "señorita" el quedarse callada, asentir (aún con los ojos en lágrimas) y tragarse la rabia.
Como dice Marge en la película de los Simpson, a Lisa. "Eres Mujer, tienes que aprender a tragarte tu rabia"
Puaj.
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