jueves, 17 de febrero de 2011

Mentiras, los pilares de una civilización en ruinas

La civilización soy yo, mis pilares, las mentiras. Un personaje creado para expresar, decir lo que siento en verdad, sin que nadie llegue nunca a sospechar que la voz que se escucha no es del ventrílocuo, sino del muñeco. Es más cómodo así, pretender que aquel niño de mi interior se ha callado, y que habla la mujer madura y responsable que todos quieren ver. Por una parte, yo también quiero verla, pero el niño es, en verdad, quien domina mi ser entero.
Es como una teleserie, y lo mejor es que los antagonistas son yo misma. Yo y mi otro yo. Un yo que puja por avanzar y avanzar, por no volver la vista atrás jamás, por superarse, cumplir metas, lograr objetivos, realizar sueños. Otro yo que pone resistencia, que quiere volver a vivir lo invivible, volver a recordar lo irrecordable, volver a sentir lo que no es apropiado sentir. Volver. Sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada. 
Avanzar, dar un paso y otro más, lograr moverse, continuar. Seguir el camino, contar la historia, crear un cuento, filmar tu biografía. Por más que quiera, no puedo detenerme y recordar por siempre los momentos vividos, incluso aquellos que no distingo de la fantasía. Supongo que, si es que hay un escritor de todo esto, algo parecido un dios, él debe saber por qué está pasando todo esto en mi historia. Soy un personaje plano, sin gracia, sumido en un pasado que, a su vez, está sumido en un sueño, y este sumido en un recuerdo. El recuerdo del sueño de una joven de un pasado marchito. Eso soy ahora.
Quisiera tener la fuerza para reponerme de este pasado marchito, despertar, olvidar. Y así, lograr aquellos lindos objetivos que tenía cuando era apenas una niña, y jugaba en el patio de la casa a ser mamá. Ya de más grande, a ayudar animales. Luego astronauta, y finalmente doctora. Quisiera recordar por qué quería hacerlo, por qué deseaba ayudar. Quizás, si lograra encontrar nuevamente el impulso inicial, podría decir "basta!", correr, ser libre, ser próspera y dar fruto.
Quizás, sólo quizás.


Y, nuevamente, todo vuelve a ti.

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